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Rose H. dejó de fumar ante la amenaza de perder un pie, y antes de poder operarle el pie una radiografía de tórax mostró que tenía cáncer de pulmón. Su caso es una de las historias reales de la campaña Consejos de exfumadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que muestra a personas con enfermedades causadas por fumar.
Una adicción que empezó a los 13 años
Rose creció en un pueblo pequeño de Texas y nunca pensó dejar a su familia extendida ni la vida al aire libre que tenía allí: le gustaban la pesca, el senderismo y el trabajo al aire libre. A los 13 años empezó a fumar, robándole cigarrillos a su padre. Poco después gastaba en cigarrillos el dinero del almuerzo escolar, y con el tiempo llegó a fumar dos cajetillas al día. Más tarde diría que lo lamentaba y que era simplemente adictivo: cada día se levantaba con un cigarrillo y se acostaba con otro.
Primero el pie, luego el pulmón
A los 58 años el dolor y la debilidad en las piernas la llevaron al médico, cuando casi no podía caminar. El tabaquismo había llenado de placa los vasos sanguíneos de sus piernas, una afección llamada arteriopatía periférica. Según el médico, quedaba solo un agujero del tamaño de un alfiler para que pasara sangre al pie, y podía perderlo si no la operaban. Antes de la cirugía, una radiografía de tórax mostró que tenía cáncer de pulmón, y la prioridad pasó a ser salvarle la vida.
El cáncer se trató con quimioterapia, una operación, radioterapia y más tarde una segunda operación, cuando se extendió al cerebro. Los médicos le extirparon la parte del pulmón con cáncer, pero las complicaciones la mantuvieron un mes en el hospital con un tubo de drenaje en el pecho. Rose contó que el tubo dolía todo el tiempo y que lloró literalmente los últimos tres o cuatro días. Cuando por fin se lo quitaron sintió un dolor agudo, incluso mayor que mientras lo tenía puesto. Los tratamientos duraron casi 2 años, y Rose se mudó con uno de sus hijos a una ciudad grande para estar cerca de los médicos, lejos de la vida que amaba. Sus familiares y amigos la cuidaron.
Lo que cambió al dejar de fumar
La amenaza de perder el pie la hizo dejar el cigarrillo antes de saber que tenía cáncer, y le resultó menos difícil de lo que temía: una vez decidida, no tuvo problemas. Desapareció la tos, respiraba mejor y podía caminar más lejos sin faltarle el aire. La comida sabía y olía mejor; le encantaba oler las tortillas en el horno y los frijoles frescos. Aunque la pierna nunca se operó, dejar de fumar impidió que el bloqueo empeorara, devolvió algo de circulación al pie y le quitó el dolor.
En los días buenos entre tratamientos disfrutó a su familia, sobre todo a sus tres nietos, que eran todo para ella. Esperaba que su historia convenciera a otros de dejar de fumar antes de enfermarse, y su mensaje era directo: los cigarrillos hacen daño y matan, hay que hacer todo lo posible por dejarlos, y quien no fuma no debe empezar. Deseaba haber tenido más tiempo con sus amigos y su familia. Murió en 2015, a los 60 años, de un cáncer causado por fumar.
Ayuda gratuita para dejar de fumar
- Por teléfono: 1-855-DÉJELO-YA, con servicio en español. También hay líneas en inglés (1-800-QUIT-NOW), chino, coreano y vietnamita.
- Por mensaje de texto: envíe DÉJELOYA al 333888 (pueden aplicar cargos de mensaje y datos).
- En línea: espanol.smokefree.gov, con recursos gratuitos para dejar de fumar.
Sources
- Centers for Disease Control and Prevention, La historia de Rose H., campaña Consejos de exfumadores; las palabras de Rose están parafraseadas y las fotografías se omiten; rewritten in hubnx's own words.
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